23/11/14

Universo


 UNIVERSO


"En tus ojos
 hay un silencio embrionario y amante"

                                   


Me agaché, sobre un remanso de agua. La serenidad era absoluta. Entonces, vi el prodigio:
en mis ojos comenzaban a nacer estrellas. A miles...

Tenía galaxias, cúmulos de ellas, girando y girando cada vez más dentro de mis iris... Tanto... que espejé el vértigo del Infinito.
Mientras, el Universo tocaba las campanas de mis células, una a una. Me llamaba.

Me perdí, ciega de rosas abiertas como acordeones de luz, entre mundos que viajaban sin fin. 
Floté sobre la exquisita caricia de gasa lenta de una nebulosa. Y contemplé el resonante e hirviente latido de trillones de estrellas con sus infinitos planetas, todos girando en sinfonía gloriosa. Cada latido de mi corazón resonaba hondamente en ellos.

Mis pupilas ensanchadas en senderos de esperanzas, entonces, recibieron al Destino. No puedo describirlo; sería como tratar de sostener el mar en una mano. Sólo diré que la inmensidad me sobrecogió, y vi cómo sembraba estrellas en toda mi temblorosa pequeñez.

Él despertó la caracola huracanada de mi Ser. Se tiñeron de lágrimas mis ojos: 
Y ahora eran soles azules, blandos, profundos, entregados, desnudos, dispuestos.

Torbellinos serenos de galaxias se abrazaban... ¡tan dentro mío!

Una leve brisa entonces se levantó, borrando la quietud del remanso. Y dejé de contemplar...

Miré a mi alrededor el inerte suelo de pedernal, la carnosa melancolía de los cactus, el horizonte rezumando polvo con pequeños brillos naranjas de sol; el sonido aletargado de la vida en las casitas lejanas.
Le di la mano a los árboles, y canté, tan fuerte, que las aves comenzaron a seguirme.


                                                                         *    



*


                                          




























***

Las maravillosas imágenes son del telescopio espacial Hubble:

17/11/14

Antes de nacer. (Palabras de Sindel: Infinito)

Foto: Volarela





ANTES DE NACER


Antes de nacer, tu palabra
sumergida en lagos turquesa,
esperando el paso de los peces...

Antes de nacer, dedos ciegos,
aroma de Dios en las alas,
grito de sol en cascada.

Nada. Todo. 
Crines reflejando mares blancos,
el comienzo, el Yo rosado,
el principio inmaculado.

Antes de nacer,
 en ti,
el infinito,

   germinando,

 latiendo...

     ...



*
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*



Foto: Telescopio Hubble

16/11/14

La belleza se oculta...




LA BELLEZA SE OCULTA...



-- Hoy  la he encontrado.
-- El qué.
-- La belleza.
-- ¿Dónde?
-- Caminaba por la calle, de regreso a casa. Llovía fuerte. Dejé que la lluvia mojara mi traje, mis papeles. Mis pasos chapoteaban en los charcos. Estaba realmente bien. Sereno. Ligero. Una suave alegría me invadía. El frescor de la lluvia correteaba por mis mejillas. Las personas huían del agua. Los coches salpicaban malhumorados y con sus focos deslumbraban a los árboles recién mutilados por la sierra voraz.
-- ¿Pero dónde encontraste la belleza?
-- No lo creerás. Un trozo de muñeco roto, uno de esos diminutos superhéroes de plástico al que le faltaban las piernas. Yacía en un charco. Al principio no sabía qué era aquello. Pensé, sigamos la pista. Lo tomé en mis manos. La luz de una farola iluminó los entusiasmados ojos fijos del héroe. Su pelo de nailon violeta brilló fugazmente, como promesa de las historias que secretamente guardaban sus músculos de hierro. Cuando me giré, una menuda mano, tendida, sin palabras, esperaba, tímidamente. Puse aquel objeto sobre ella, y entonces apareció la Belleza iluminando aquel pequeño rostro.

***

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 ¿Hay algo más bello que la sonrisa de un niño?




*

Corre*



CORRE...


Una gran ciudad, el día de Navidad.

Corre por las calles un viento muy triste, ulula, hiende, corta. Nadie lo oye. Es de carne y casi olvido.

Un gorrión recogió alguno de sus cabellos, abandonados entre orines y cartones, para su nido.
Pero nada de su ser deja huella en nada. En nadie. Sólo el frío conoce la huella de su piel. Y allí deja su aliento mortal.
Enciende un fósforo: sus deseos echan ramas. Y florecen. Y golpean el corazón de las estrellas.

Los adoquines le hielan; le hiela la fijeza de las farolas en la noche como unos ojos sin piedad.
Su manta es la soledad acariciándole con sus plumas enfermas.

Cada día corre, huye, entre la gente, con sus piernas de papel, sobre un guión sin letras. Se agacha y esconde. Enciende otro fósforo:
La vida pasa agitando su pañuelo de lunares. Se detiene un tren. Y de él baja un niño que no está solo. Esa mano pequeña se agarra a otra mayor. Las cadenas se unen y se pertenecen.

Corre. Como viento rabioso. Otra vez sus manos escuecen y son de piedra. Choca, contra el bufido de la gente sonriente que abarrota las calles. Un peso enorme, indiferente, impío, lo empuja, lo separa, lo sumerge en el silencio sucio de una alcantarilla.
El tiempo se acaba y golpea su gong.
Pero él no oye nada. Se le cierran los ojos en un sopor negro y espeso. Quizá sea la piedad.
Enciende su último fósforo:
las ratas son ángeles que le dan la bienvenida.


***


Así, parecida y peor es la realidad de miles de niños en el mundo.

* Inspirado en el cuento de Christian Andersen "La pequeña vendedora de fósforos".

8/11/14

Soy de nube...





¿Cómo llegué hasta aquí?
Desde el cáliz de una nube me asomo, en vaporoso equilibrio, como recién creada de la lluvia.
Y vienen espirales de viento, serena blancura ascendiendo por mi columna...; Abajo, la vida se despliega en abanico pletórico, y deja melodías líricas sobre por la llanura..  Y yo las recojo... hasta llenar el cielo con aves de plata.

¿Cómo llegué hasta aquí? Sólo estaba besándote, vida, sólo era un beso lanzado al ocaso, de puntillas. Y heme aquí, sobre las nubes arremolinadas e inquietas, con mis pestañas proyectando arco iris.

Miro hacia abajo, donde la música corre descalza:
Copas movidas por el viento, peonzas de trinos por los tejados; una salamanquesa en la boca de un pozo, campanas... con sus huellas de bronce y paz surcando el aire; perros ladrando al tiempo; caracoles abrazados al silencio de un muro, niños en sus corros de coral y cuentos. Y una mano, muy vieja, acariciando el agua...

Y yo comienzo a llorar incontenibles gotitas que rompen felices y se alojan donde ya saben. No puedo retener esta lluvia. Lluevo de amor.

 +



26/10/14

En el agua. (43ª Palabra de Sindel)

                                                          Río Ésera (Huesca) (detalle). Por Volarela



EN EL AGUA

 
En el agua, el tiempo,
con su cola de salamandra,
zigzaguea... se disuelve,
                      se derrama...
Luego, todos, alrededor del misterio,
nos lo bebemos.

En el agua,
aquel barco de papel se aleja...  
hacia la incógnita cascada
y lleva una pregunta escrita
en sus renglones.

En el agua, huevos diminutos,
orbes asombrados cayendo...
hacia los coros intensos
de piedras blancas.

En el agua,
sigilosas caricias de hojas arrastradas,
caballitos nocturnos, recuerdos de lana.
Y tus labios abiertos buscando los míos.

En el agua,
bajo las aguas inmanentes,
todo se tensa en un canto de armonía.
Y en mi bucear
se abre mi alma,
y nace de mis ojos la corriente
estremecida de la vida:
agua bautismal,
éxtasis azul,
arrullo eterno. 

***


Bach, concierto para oboe y violín en do menor. Adagio.  
Una gota bendecida cayendo del pecho de los ángeles...




Más sentires sobre el agua en el blog de Sindel: http://palabrasdesindel.blogspot.com.es/2014/10/hablan-del-agua-conmigo-los-siguientes.html

19/10/14

Tu entrega





TU ENTREGA

Desnudo tronco sin corteza,
caracol sin concha entre mis dedos,
amadísimo cuerpo,
hombre definido en mis labios,
te dejas
amar.

Tu entrega silba en mi oído
un bosque generoso,
(y mis sienes arden
bajo tus frondas. )
Tu entrega me viste,
tu entrega se adentra
como un puñal de luz eterna. 

Tu entrega la vieron las jaras
esta madrugada.
Y han visto también
caer mis pétalos
uno a uno
sobre tus manos,
interminablemente.

***


Jara rosa o jaguarzo (cistus álbidus) Google Imágenes

***

Volarela, Mayo, 2011

3/10/14

Cartas amarillas (relato)

Imagen: Google



CARTAS AMARILLAS



San Petersburgo, 4 de septiembre del año 1937

Te llevaron tan lejos, amor...Nos despedazaron.

Mis lágrimas rodaron, buscándote, a través de estepas, valles de gritos, autopistas locas. Árboles, árboles abrazados se quemaban en mi mente. Corrí por encima de cabezas anónimas, pero no vieron arrasarse la ciudad bajo mi llanto.

Te aferraron manos injustas que yo hubiese transformado en alacranes paralíticos. ¡Oh, mi rabia haciendo jirones lo que queda de mí!


La tristeza sigue agujereando tumbas entre mis jacintos muertos. Orificios sin fondo que voy llenando con tus recuerdos.

Si supieras cómo se disipa mi calor de mujer, de ser humano... Esto es lo que tengo ahora: un río helado engullendo mis pálidos ojos. Miedo. Frío.

A pesar de todo, te espero; nunca pierdo la esperanza, cariño de mi ser. Enciendo una vela cada noche y la soplo suavemente, sin llegar a apagarla. Ella vibra, zigzagueando con mi aliento. Y me figuro que es tu sonrisa bailarina. Con ella duermo. Con ella vivo. Ni toda el agua que me aplasta puede apagarla aquí dentro.


Te ama hasta el límite,

Lena.


*


Perm, 20 de enero del año 1938.


Lena querida.

No sé nada de ti, amada. 
¿Qué ocurre? ¿Por qué no te llegan mis cartas?
Cada día te escribo, pero no recibo respuestas. Espero, con todo mi corazón, que sigas viva. 
Besa mil veces a nuestros hijos a través de mi infinito beso en tus labios. 
Yo no tengo casi fuerzas e intuyo que moriré pronto. He dejado aquí mi cuerpo. Literalmente. Mi vida en este lugar se ha desangrado. Han sido días de tortura, de un dolor tan profundo que casi no me atrevo a mencionar. No quisiera que tú lo imagines, porque sé que entonces te quebraría el alma. Te mataría. Afortunadamente, todo acaba pronto para mí. Ya no espero encontrarte en esta tierra de sufrimientos.
Tu recuerdo, amor mío, me ha seguido siempre, e iluminará mi tránsito. 

Amor, tuyo soy. Y te tengo... tan, tan dentro... Te tengo más allá de todo. 


Sergey


*


Sólo estas dos cartas llegaron a su destino. Después, el silencio como un portazo, se interpuso entre ambos.


Sergey escribió cientos de cartas durante los diez años que duró su tormento en un campo ruso de trabajos forzados. Y cada una llevaba impregnada la huella febril de su añoranza. Pero oscuras manos las interceptaron.

La muerte se apiadó finalmente de él.

Muchos años más tarde, el montón de viejos papeles cargados de sentimientos fue encontrado, casualmente, por un coleccionista de antigüedades en una pequeña librería de viejo. El descubridor de aquellas cartas, impresionado, no pudo hacer menos que investigar acerca de los protagonistas de esta historia, y, finalmente, hacérselas llegar a su verdadera propietaria: la anciana Lena, que aún conservaba viva la sombra de su persona. Porque eso era ahora. Una sombra minada por la soledad.

Pero aún le quedaba un atisbo de fuerza para arrastrarse hacia la esperanza. Y ella llegó. Fue un día, en el que el sol entró por su ventana con verdadera pasión. Aquella mañana un presagio se anunciaba tímidamente, pero con voz de campanilla, blanca y pura; lo sentía por todo el aire, extrañamente calmo.
Un hombre desconocido llamó a su puerta con el gran fajo de cartas. Hablaron, y luego lo despidió, temblorosa como un sauce bamboleado por un viento loco y maravilloso. Y ya en el violáceo silencio de su cuarto, los sobres fueron como cachorrillos tibios, acurrucadas en su falda. Deseaba eternizar el instante de la amada pertenencia. Estaba tan nerviosa... gozosamente tensa. Apenas se atrevió a rasgar los quebradizos sobres. Los olió primero, despacio, e imaginó el paso lento de los dedos se su amado al cerrarlos.
Abrió la primera carta. Reconoció al instante la letra; la vio danzar como fuego en los renglones. Le temblaban los dedos al desplegar cada raída hoja. Sus manos se transformaron en ramas asiendo la luz de una primavera total.

Detuvo el tiempo en cada frase. Vivió los diez años que los separaron.  Leyó en su apretada letra el amor más intenso, la espera más desoladora. Supo de su enfermedad, de su tortura, de su soledad.

Cayeron lentamente de sus manos todas las cartas, una a una, como los trozos de él que había perdido.
Y se le congeló una lágrima, como un diamante pesado, en su mejilla hundida.

En la alfombra, entre el papel desordenado que cayó de su falda, destacaba una fotografía. Era de él, posando, esquelético, pero con su peculiar e inconfundible sonrisa. La que parecía contener siempre un viento juguetón e incansable.

Aquella sonrisa, que ella se empeñaba en recordar cada noche, había vuelto súbitamente a ella, con todo su esplendor intacto, llegando directa a su pecho, como un profundo e inesperado dardo de amor sin límites. Un dardo que había estado viajando en el tiempo, imposible de detener. Cogió la foto y lloró sobre ella. Rió, hasta hacerse de bruma azul...  Y soñó... Soñó que muy cerca estaba él, abrazándola, y riendo también, mejilla junto a mejilla.



***

29/9/14

Palabras de Sindel. Pájaro.

                                                     Imagen: Google


Has traido a mis párpados dormidos una gota fresca de la mañana recién hecha, gorrión.
Has entrado en mi casa por la ventana y te has posado en una maceta. Muy quieto, te he visto piando con la alegría del descubrimiento.
Eras inexperto. Sí, lo he notado en el temblor quebrado de tu canto. Y eso ha hecho tu venida aún más espontánea y temeraria.
Ya te veo, vagando sin rumbo, viniendo a mi ventana y chocando blandamente con mi sueño. Has logrado penetrar en él y abrirme los ojos con una ráfaga de viento de las montañas. Pero ya sé que perteneces a los jardines y a los tubos de escape; que llevas saludos de alegría ciudadana, reverdecida de chopos y césped.
Eras muy joven, pero sabías dónde entrabas. Me has visto asomar un ojo, y has huido. Tu curiosidad era encanto; la mía lo ha destruido. Pero lo efímero de tu presencia no se ha roto; me has dejado la casa impregnada del aroma inocente de tus alas.
Gorrión sin nombre: no imaginas que tu poesía son holas y adioses de un instante; que vas derramando tu esencia, deliciosamente ruidosa, por los balcones, las aceras y los árboles.
Enséñame a ser como tú, pequeña, inocente y libre: sublime sin saberlo.




Volarela.
Una mañana de primavera, del año 2011



Flor hermosa





FLOR HERMOSA


¿Era blanca o negra?
¿Aterciopelada o quebradiza?
Era hermosa. 

La tomé en mi mano y la besé. 

Con la mano y el labio ensangrentado seguí mi camino. 






21/9/14

Una playa espera...


UNA PLAYA ESPERA.


Playa, qué quieta esperas cada día, qué quieta...
Pasan los diminutos barcos, pasa la brisa con su pañuelo azul. Y las gaviotas de ceniza y nieve dejan caer sus gozosas patas sobre ti.
¿Qué esperas, tan callada, tan secretamente tierna?

Las susurrantes caracolas socavan tu silencio; y en la noche, la luna dibuja, sobre las algas, los sueños del mundo.

Bañada en espumas de nostalgia, nadie sabe lo que esperas.
Pero yo sí lo sé...




Son los niños. Ellos son tus invitados predilectos.
Quieres volver a sentir sus piececillos libres y suaves como panecillos.
Ansías notar sus manos construyendo fantásticos castillos; esos, que se alzarán en ti, desafiando la mordedura blanda del mar. Y así verás a la misma inocencia vestida con tu cuerpo.




Sé que anhelas oír las campanillas florales de sus voces, alimentar las golondrinas inquietas de sus ojos, atrapar los peces voladores de sus risas.

Ya llegan, ya... a la playa callada los pasos rosados...
Traen delfines en su almas, a rebozarse en tu regazo fiel.








                                                                                          *



17/9/14

Anillo (Palabras de Sindel)



(Para el que habita en mí)



NUESTRA BODA



El amor arrastró en su eufórica cola al horizonte 
y corrieron con nosotros los espejos del cielo.
Un mensaje nebuloso nos acompañaba:
llevaba la canción nunca oída del mar.

La maravilla de la creación besaba nuestros labios.

Teníamos
dos cuerpos desnudos como una sola gota
cayendo sin tiempo de la felicidad.
Estrellas marinas
giraron sus bocas hacia la luz
que éramos
tú y yo.

Y nuestra carne se vertió sobre los granos de arena. 
Y nuestras manos avanzaron como caracoles por la vastedad del otro.
Y las galaxias dieron a luz en nuestra sangre. 

No había tiempo... Blancos compases tan solo.

Y en nuestras cinturas unidas
quedó girando un anillo de fuego
abrazando la inmensidad.


*