20/4/15

"Sin ti" y "Soledad"





BLOG EN DESCANSO PRIMAVERAL


*





Sin ti

Cuando las risas llegan a las casas,
brindan y se dan la mano, 
se besan y caen unas sobre otras
como copos de nieve.
Cuando gira la noria con los niños en la noche.
Cuando el aire lleva nostalgias de leña ardiente.
Cuando el cielo derrama
 perlada niebla
sobre el cabello de los niños.
Cuando recorren mis dedos el aliento
del invierno en la ventana.
Cuando dibujan los chopos en el agua
sus aros nuevos...
Cuando vuelvo y levanto
el recio manto del océano,
y te busco
y te grito entre aguados recuerdos...
yo
me siento sola;
sola con mi llamada sola
como el canto perdido
 de un viejo delfín.


***


(Añado este breve relato.)



SOLEDAD

Hacía mucho tiempo que él no estaba allí.
Le pasaban informes, manaba el café, el rayo de sol se deslizaba por los folios a la misma hora cada día. Se esparcían por el aire como polvo flotante las palabras de la gente: “buenos días”, “hasta mañana”, “¡Vaya frío!". Los etcétera de la vida, los puntos suspensivos, las comas, las exclamaciones, los colores de aquel tren metálico, transportador de más y más interrogantes dormidos, con sus maletines, sus bolsos y sus preocupaciones como papeles arrugados, pasaban sin dejar la menor huella en él. No podía sentir todo eso: se hallaba en lo alto de una gran roca, en mitad del mar.
Al encender el ordenador, oía una gaviota pasando rasante sobre su cabeza. Al apagarlo, la luna dejaba caer una gota blanca de melancolía en su cuerpo desnudo y aterido. Tenía miedo y frío sobre aquella roca, pero no podía bajar de ella.
Permanecía allí, anclado, tostándose por la inmisericordia del tiempo. Condenado. 
Las olas azotaban la base de su anacrónico menhir; el silencio se le iba introduciendo en el cuerpo hasta tallar en su alma la dureza de la roca; hasta dibujar en sus ojos la angustia blanca de la espuma que se dejaba morir allá abajo.
Un día tuvo la visión; aquello que empezó a resquebrajar la sal de su cuerpo:
En una reunión de trabajo, tras la comida entre compañeros, contempló un inmenso mar lleno de menhires como el suyo. Y en cada uno de ellos, un hombre, una mujer, un niño, un perro… Era terrible, porque todos, allá arriba, no lograban moverse más de un palmo de su asiento. Algunos gritaban, otros dormían, otros permanecían de pie, con los ojos cerrados. Eran…los solitarios engendrados por la vida. Ninguno miraba al otro. Es más, ninguno sabía de la existencia de los otros.
Al terminar aquella reunión, llegó a su casa, tan vacía y muerta como siempre. Miró por la ventana una calle sin vehículos, sin ruido. A lo lejos, podía notar el tintineo de copas, cuchillos, pasos, palabras cayendo como nieve dulce sobre un mantel recién puesto. Oía sonrisas y voces que parecían venir amortiguadas por miles de kilómetros de tierra, de cemento, de desiertos… Vida, lo llamaban, fluyendo indiferente y exuberante.
Bajó a pasear. Comenzó a caerle un fina lluvia, serena y tímida. Sonrió. Se adhería a su piel como se adhería a las farolas o a los árboles sin dueño: indiferente. Seguía su ley, el curso natural del mundo. Sin saber porqué, se arrodilló sobre un charco. Vio las gotitas hundirse en el agua y dibujar ondas que se expandían hasta desaparecer. Allí se dejó caer, llorando como nunca lo había hecho, hasta quedarse dormido.
Al amanecer, abrió los ojos. Un perfume fortísimo lo despertó. Le miraban unos ojos maquillados de intenso negro, apagados y casi ocultos. Le hablaron unos labios manchados de carmín sobre un cutis todavía joven, untado de crema y tristeza.
La mujer lo levantó. Comprendió en los ojos de él. Rozó su mano sin querer, notando que era casi de piedra, como la suya:

Ambos habían saltado al mar desde su menhir. Y de algún modo, que sólo la vida conoce, se habían encontrado.


***


Volarela



19/4/15

Palomas blancas


PALOMAS BLANCAS




En la orilla del mar avanzan mis pies. Se humedecen de savia marina. Deslizo mis ojos entre la espuma, el hilo tenso del horizonte y un grupo de palomas blancas posadas en la arena como huevos de luz. A lo lejos, las palmeras tallan en el cielo penachos de inquieto júbilo. Sus naranjas dátiles cuelgan exponiendo con descaro el peso sonoro de la abundancia. Dos palomas blancas caen, como nieve nueva, casi infantil, sobre las lanzas grises de sus hojas.
Una explosión repentina, un ruido torvo, salido del azaroso vaivén humano, espanta a los cientos de palomas que, aquí y allá, habitaban la placidez de la vida. Y forman un conjunto de alas puras, abiertas al unísono, resonando con los latidos azules del cielo. Y dan vueltas y vueltas, diluyendo su sorpresa en el mero acto de girar y girar. Son una repentina tormenta de belleza: un pequeño ciclón de alas aplaudiendo. Hasta que las plumas  se vuelven a plegar en su redonda y mansa cotidianidad. Y el arrullo, el pico curioso, el ojo atento, el sosegado adormecimiento bajo el sol, o la búsqueda incansable de ramas para el nido, vuelven a ocupar su viejo y amasado lugar de siempre.
De nuevo, un inflado macho va mostrando, por todos los rincones posibles en los que una dama pueda esconderse, su esplendorosa virilidad. Las hojas sonríen, todas a la par, en un instante de viento. El palomo baila girando sobre sí mismo. El sol colabora, resaltando la silueta masiva y valiente de su porte. Se siente irresistible, impulsado por su sangre ardiente, irrefrenable. Los niños, con su empeño en espantar a las palomas, rompen, a pisotones de aire, el fino cristal tallado del palomo frente a su elegida.
El mundo, hoy, no deja de mostrarme su hambre de armonía.

Yo, tan blanca como la paz de una pluma sobre un estanque, despliego un vuelo instantáneo y fugaz; me adentro en lo profundo del ramaje. Exploro la copa frondosa de un ficus. Y me sonrío descubriendo la dulce claridad de un grupo de palomas, que me recibe.







3/4/15

Plumas



PLUMAS

De plumas está hecha la vida,
plumas que no vemos pero irrumpen en sueños
con un mensaje lírico, leve, afrutado...

Plumas con noches oscuras dentro del pecho,
plumas negras que surcan el espacio.
Plumas blancas sobre un lago de quietud.
Plumas cosquilleando la fresa de tu alegría,
plumas cayendo en un precipicio de luz
plumas deshechas por la lluvia de otoño,
plumas verdes soplando el sosiego,
plumas marrones arracimadas en los nidos,
plumas abriéndose en laberintos de plumas,
plumas en tu vientre como huracanes,
plumas caídas de las alas del invierno,
plumas alborozadas en tu sonrisa,
plumas con pies de silencio.
Plumas
que te abrazan cuando duermes...


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De arriba a abajo:
Ánade real (macho y hembra), cisne cuellinegro, cisne negro y flamenco rosa.

18/3/15

Espejos


Harp Music ( CAMINANDO POR EL CIELO ). Música de Pablo Arellano 



La vida late en ti con pulsaciones de mariposa.




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FOTOGRAFÍAS ESPEJOS DE AGUA


CADA ESPEJO CONDUCE A UN CAMINO DIFERENTE


                                                                      Trascendencia


Amor

                                                   
    
Arte
                         


Conocimiento


                                                                             
                                                                          Introspección



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